2 Corintios 4: Vasijas de Barro

Art by Stephen W. Hiemstra
Art by Stephen W. Hiemstra

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar.  Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mateo 6:19-21 NVI)

Por Stephen W. Hiemstra

Hudson Taylor, el fundador de la China, Inland Mission, escribió en su autobiografía [1] de un budista que vino a Cristo en 1857 en Ningpo. Unas noches después de su conversión, le preguntó cuánto tiempo los británicos habían conocido acerca de Jesucristo. Ser dijeron que habían conocido por cientos de años, exclamó: Mi padre buscado la verdad por más de 20 años, y murió sin encontrarlo. Oh, ¿por qué no has venido antes? El salmista escribe:

Tú me has librado de la muerte, has enjugado mis lágrimas, no me has dejado tropezar. Por eso andaré siempre delante del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. (Salmo 116:8-9 NVI)

El tesoro de valor incalculable que nos viene en vasos de barro, por desgracia, no viene a todo el mundo.

Como estudiante de marketing, yo doy testimonio acerca de la importancia de los envases, especialmente para los productos perecederos. Caminando a través de un supermercado típico hoy en día, podemos ver miles de productos deliciosos y hermosos de alimentos que hace 100 años eran desconocidos para la mayoría de la humanidad. ¿Por qué? Debido a que el costo del transporte y la refrigeración era simplemente demasiado alto. Hoy en día, el envasado de alta calidad y de refrigeración se dan por sentados. Ni siquiera pensar en esas cosas. En lugar de ello, sólo compramos lo ve bien y suponemos que siempre estará disponible por un costo modesto.

Sin embargo, cuando se trata de asuntos espirituales, las apariencias engañan. El apóstol Pablo escribe:

Pero si nuestro evangelio está encubierto, lo está para los que se pierden. El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios (vv 3-4).

El Evangelio está velado en la historia de Jesucristo, que fue ejecutado en una cruz por sedición y cuya historia es mejor contada por los seguidores que entienden el significado del sufrimiento. De los que sufren, Pablo escribe:

Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo (vv 8-10).

Usted ve, el envase es un poco desgastado y no es del todo atractiva ollas de arcilla que ocultan el valor de lo que se encuentra dentro. Una vez más, Pablo escribe: El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios (v 4).

Las apariencias engañan …

[1] J. Hudson Taylor.  1987.  Hudson Taylor (Autobiography).  Bloomington, MN: Bethany House Publishers. Pages 126-127. @bethany_house, www.BethanyHouse.com

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