2 Corintios 5: Dejaos reconciliar con Dios y con los Demás

Maryam_with_flowers_07292014Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto. (Ecclesiastés 12:13-14 NVI) [1]

Por Stephen W. Hiemstra

¿Te gemir para el cielo o para algo más?

Cuando yo era un estudiante de intercambio en Alemania, nunca me perdí en casa más que en el Día de Gracias. El Día de Gracias es una fiesta única en América del Norte cuando las familias convergen y pasan tiempo juntos. La oficina de estudiantes extranjeros organizó una cena para los estadounidenses en el campus, pero el ganso no es un sustituto perfecto para el pavo. Así que entre mi comprensión incompleta de alemán en ese momento y mi ausencia de la familia, mi nostalgia llegó a un pico.

Como cristianos, nosotros experimentamos el pecado como una clase similar de nostalgia. Gemimos sintiendo el dolor en particular de conocer nuestro pecado y separación de Dios (v 4). Es muy parecido al punto en una pelea con su esposo cuando sabes que te equivocaste, pero todavía no se ha reconciliado. O, como Adán y Eva, ya que están siendo enviados fuera del jardín (Génesis 3:23). O, como el hijo pródigo que se despertó encontrándose a alimentar a los cerdos en un país extranjero (Lucas 15:15-17). Y así como nosotros gemimos, toda la creación gime con nosotros (Romanos 8:18-23).

Pero como cristianos no estamos sin esperanza. Sabemos que el origen de nuestro problema. Nuestro santo temor del juicio de Dios nos calcula las referencias a admitir nuestra culpa y reconciliarse con Dios. Y no sólo eso. Como el apóstol Pablo escribe:

Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo. Por tanto, como sabemos lo que es temer al Señor, tratamos de persuadir a todos (vv 10-11).

En ausencia de nuestro conocimiento de Dios, nuestros gemidos podría llevarnos más en el pecado. El alcohólico, por ejemplo, no tiene simplemente una dolencia corporal. El problema de la adicción es de por sí un problema lo spiritual—está gimiendo sin conocimiento de Dios y de la necesidad de la reconciliación. La botella no se sustituye a conocer el objeto último de nuestra gemido. Estamos nostalgia de Edén y la intimidad con Dios; sin embargo, como adictos, no nos damos cuenta.

Pablo vivió esta realidad. Él escribió: Si estamos locos, es por Dios; y si estamos cuerdos, es por ustedes (v 13). Evangelizamos, no sólo para salvar a otros; evangelizamos a salvarnos a nosotros mismos. Nuestro santo temor de Dios significa que nos sentimos el corazón de Dios por los caídos y el pino de los demás objetivos del Amor Santo—nuestros vecinos.

Así que en Cristo, Dios nos da ropa nueva y un trabajo de nueva descripción—el ministerio de la reconciliación (v 18). No sólo se nos marcamos como escogidos de Dios, al igual que Adán y Eva (Génesis 3:21), sino que también encargó a su servicio.

[1] También: 2 Corintios 5:10-11.

You may also like

Leave a Reply