Nuestro Padre Celestial

Photo by Stephen W. Hiemstra
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“`Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los Gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería.“Por tanto, no se hagan semejantes a ellos; porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan.“Ustedes, pues, oren de esta manera:`Padre nuestro que estás en los cielos, . . .” (Matt 6:7-9 NBH)

Por Stephen W. Hiemstra

La primera frase de el Padre Nuestro es obviamente: “Padre Nuestro”.

Venimos antes Dios como un comunidad bajo un Dios soberano. Llamando Dios como padre centra principalmente en su soberanía,ni su género, de Dios [1]. Dios es un soberano benévolo quien desea intimidad en la relación con sus hijos y hijas. No es un compañero dios ni un dependiente dios quien puede ser manipulado. Por lo contrario, dependemos de Dios para el pan cotidiano—no al revés.

Para padres humano quien no son buen modelos a seguir, escritura nos recuerda que Dios es un padre de los sin padres (Ps 68:5 NBH). La escritura no es sólo “dando vuelta una frase” aquí. Una consecuencia de esclavitud en Egipto y más tarde en Babilonia era ilegitimidad, cual impidió muchas hijos Judío de encontrando sus padres para siempre. La palabra, huérfano, se utiliza en más que cincuenta versículos de la escritura—once veces en el libro de Deuteronomio sólo. Jesús si misma asegura nos: “`No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes.” (John 14:18 NBH) El amor de nuestro padre celestial para nosotros, Su hijos y hijas, inspira la amor de nuestros padres humanos, no al revés.

La espiritualidad Cristiana tiene un comunal carácter—no es mi espiritualidad; es nuestra espiritualidad. En bautismo, por ejemplo, se nos presenta a Dios y a la iglesia. En comunión, recordamos nuestro bautismo y celebramos nuestra alianza con Dios y unas con la otra. Podemos disfrutar nuestra soledad con Dios mientras que reconocer el papel vital de nuestra comunidad de fe tiene en fomentar nuestra relación con Dios. A su vez, conocemos Dios mejor como nos amamos unos a otros.

El aspecto comunitario de la intimidad de Dios implica que nuestra espiritualidad no se centra sólo en los sentimientos cálidos y difusos. Nuestra espiritualidad no es la espiritualidad del consumidor. Gran panoramas, música grande, poema grande, arquitectura grande y los grandes logros intelectuales todos apuntan a Dios, pero nuestro espiritualidad es inherentemente relacional. Nosotros somos más propensos a ver el rostro de Dios en los rostros de los que nos rodean.

Las historias y parábolas de Jesús hacen esta punta:

“Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Matt 5:23-24 NBH)

Nuestra identidad espiritual es en un Dios soberano y en relaciones correctas con su pueblo. Los dos están misteriosamente vinculados a.

La doctrina de la Trinidad refuerza esta punta. Cada conversación es tres vías. Siempre tenemos usted, yo, y Dios. Dios es arriba nos, entre nos, y dentro nos. En la transcendencia de Dios, Dios es todopoderoso y en control. En la encarnación de Jesucristo, Dios comparte nuestro dolor y ofrece nos un modelo de papel a seguir. En la presencia del Espíritu Santo, Dios nos consuela y nos guía. Somos en relación con Dios en tres personas. Nuestra identidad se define de forma única y independientemente en relación con cada una de las tres personas de la Trinidad (Miner 2007, 112).

¿Pero, por qué El Padre Nuestro se dirigió al cielo? La repuesta obvia es que el cielo está el domicilio de Dios. Otra respuesta obvia es que el cielo se aclara a cuál padre que orar!

Nota que casi todo las peticiones en El Padre Nuestro se centra en Dios, ni nosotros! ¿Escuchamos para la voz de Dios? ¿Nos acercamos nuestro soberano Dios en la humildad apropiada?

[1] La imagen de Dios como “nuestro” padre hace una declaración acerca de Su carácter. Dios es espíritu; no ser ni hombre ni mujer.

REFERENCIAS

Miner, Maureen. 2007. “Back to the basics in attachment to God: Revisiting theory in light of theology.” Journal of Psychology and Theology, 35(2), 112–22.

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