Perdonas; Perdonamos

Photo by Stephen W. Hiemstra
Photo by Stephen W. Hiemstra

“Y perdónanos nuestras deudas (ofensas, pecados), como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores (los que nos ofenden, nos hacen mal).” (Matt 6:12 NBH)

Por Stephen W. Hiemstra

¿Por qué perdonar? ¿Por qué ser una persona que perdona?

La respuesta fácil es porque Jesús lo dice. Jesús hace un comentario fuerte sobre la perdón inmediatamente después el Padre Nuestro:

“`Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones (faltas, delitos), también su Padre celestial les perdonará a ustedes.“Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones (faltas, delitos).” (Matt 6:14-15 NBH)

La lógica aquí es clara: hemos de ser personas que perdonan porque Dios nos ha perdonado. La palabra por el perdón en griego significa a dejar ir.

El Apóstol Pedro aclaró nuestra obligación a perdonar cuando preguntó: “`Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó:“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” (Matt 18:21-22 NBH)—un numero arbitrariamente grande que encaja el contexto de la pregunta de Pedro [1]. Jesús pasa luego a decir la parábola del siervo que no perdonó (Matt 18:23-35).

El punto es que el perdón ayuda a la paciencia, sanación, y redención.

El perdón ayuda a la paciencia. Trabajando con los niños pequeños o con los patentes de Alzheimer consiste en responder preguntas repetidas o que se ocupan de otros comportamientos molestos. A menudo nos encontramos trabajando con nuestros hijos y padres mientras que malabares otra cosas—incluyendo nuestras propias agotamiento. Si somos capaces de perdonar personas con necesidades especiales, entonces por que es tan duro a perdonar a la personas normales que son sólo una molestia? [2] Una vida sin arrepentimientos empieza con el perdón.

El perdón sana. Por ejemplo, el perdón rompe lo que psiquiatras llaman la rumia. Unas formas extrema de ruminación ocurren cuando un patente psíquica obsesiona cotidiana por años sobre eventos estresante o imaginarias del pasado [3]. Exagerado como esto, la ruminación distrae al paciente desde el desarrollo emocional normal y, posteriormente, daños relaciones. Por que todos rumiamos, el perdón nos sana por ayudando nos a centrar por los retos cotidiana y no por las fantasmas del pasado [4].

El perdón trae redención. La historia de Esteban, la primera mártir Cristiana, es una caso en punto. Inmediatamente antes su muerto, Esteban oró: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado.” (Act 7:60 NBH) Saulo de Tarso fue testigo y aprobado de la lapidación de Esteban. Conocida mejor como Pablo, Saulo mas tarde se reunió con el Cristo resucitado por la camino de Damasco, fue bautizado, y se convirtió en gran evangelista de la iglesia. Pero Pablo nunca se olvidó el asombroso acto de amor y vinculado a Esteban a su historia de llamada propia (Acts 22:20). ¿Fueron la vida y el ministerio de Pablo una repuesta de la oración de Esteban?

El perdón es tan radical, tan raro, tan redentora que se revele la presencia de Dios entre nosotros.

[1] Traducciones alternativas, por ejemplo una versión en Inglés “New American Standard”, leer setenta veces siete.

[2] Jerry Bridges (1996, 46) escribió: “Vemos los como personas para quien Cristo murió o solo como personas quien hacen nuestras vidas difícil?” Cristo perdono aun sus atormentadores de la cruz (Luke 23:34). Si el pueda ama y perdona ellos quien lo asesinó, entonces podemos perdonar molestas personas!

[3] Una terapia para ruminación es a redirige la atención de la patente más allá la memoria negativa a un oración de respirar, como la oración de Jesús. La versión de la oración de Jesús que recuerdo era: Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí.

[4] Francis MacNutt (2009, 130) cite cuatro tipos de curación que podemos orar para incluso: arrepentimiento, dolor emocional, física salud, y liberación de opresión espiritual. Cuando perdonamos ellos quien hemos penar, relevemos también de nuestra pena propia. Los pecados no perdonan plague ambos partidos.

REFERENCIAS

Bridges, Jerry. 1996. The Pursuit of Holiness. Colorado Springs: NavPress.

MacNutt, Francis. 2009. Healing. Notre Dame, IN: Ave Maria Press.

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