No Decir Mentiras (El Novena Mandamiento)

seeds_12162013“No darás falso testimonio contra tu prójimo.” (Exod 20:16 NBH)

Por Stephen W. Hiemstra

El opuesto de una mentira es la verdad.

Adoramos el Dios de verdad. Desde la zarza ardiente, Dios le dice a Moisés que su nombre es: “YO SOY EL QUE SOY.” (Exod 3:14 NBH) Moisés creó en Dios; Faro se negó a. Cuando Dios presentaba la verdad de su existencia propia, la nación de Israel nació. Es, en consecuencia, no es sorpresa que el Dios de la verdad ordena que su pueblo no mienten.

Dando falso testimonio es más, sin embargo, que decir una cosa no verdad; es un engaño deliberado con un objetivo especifico. La exposición en Éxodo 23:1-3 esbozó tres retos especifico: distribuyendo un informe falso, pervirtiendo justicia en un tribunal, y dando la testimonia sesgado. Distribuyendo un informe falso podría ser la chismes simple o podría ser cometiendo la difamación. Es obvio que pervirtiendo justicia puede ser hecho por muchas maneras. Al ser sesgado puede ser motivado por pobreza o varios afinidades (la familia, la raza, la idioma, la clase social, la origen nacional, el credo, o aun la localidad).

Estas prejuicios y injusticias son tan comunes que estamos más a menudo sorprendidos por la integridad que por el sesgado. Por ejemplo, la reciente debate por la pena de muerte se cuelga menos como un dispute acerca de la pena y más acerca de la incredulidad que la justicia haría estar hacer. No es de extrañar que Pilato, él mismo un funcionario corrupto, pediría a Jesús: “¿Qué es la verdad?” (John 18:38 NBH)

La historia de la mujer sorprendida en adulterio es probablemente el caso de juicio de capital más celebrado en las Escrituras. La culpa de la mujer no está en cuestión; la única pregunta era la pena. Los fariseos le preguntaron a Jesús: “Y en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. ¿Tú, pues, qué dices?” (John 8:5 NBH)

Tenga en cuenta que baja la ley Judía a ambas partes en adulterio se enfrentan la misma pena de muerte (Lev 20:10). Debido a que los fariseos encubrieron la identidad del hombre, se rompieron la Novena Mandamiento cuando se presentaba este caso. En otros palabras, ofrecieron el testimonio sesgado y no buscaron la verdadera justicia.

Jesús apunta al sesgado fariseo cuando dice: “El que de ustedes esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra.” (John 8:7 NBH) La ley requiere que los testigos a un criminalidad lanzan la primera piedra (Deut 17:7) Sin embargo, si alguien recoge una piedra, entonces esta persona es responsable de enjuiciamiento en virtud de la ley porque no se revela la identidad del hombre quien participó en el adulterio. Y la pena por el perjurio era la misma pena como la presunto delito (Deut 19:18-19). Los fariseos entienden su dilema y se van.

Las palabras de Jesús a la mujer son importante. El dice: “¿Ninguno te ha condenado?” “Ninguno, Señor,” respondió ella. Entonces Jesús le dijo:“Yo tampoco te condeno. Vete; y desde ahora no peques más.” (John 8:10-11 NBH) Jesús la ofrece tanto la verdad y la gracia. La verdad o la gracia solo por si mismo no son el Evangelio. La verdad sólo es demasiado duro a ser oído; la gracia sólo ignora la ley. Jesús busca nuestra transformación, no nuestra condena en virtud la ley (Rom 12:2)

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