Dichosos Los Que Lloran

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Por Stephen W. Hiemstra

Se presentaba al Almuerzo para el Alma, Miércoles, 20 de Mayo, 2015 Iglesia Presbiteriana de Trinidad, Herndon, Virginia.

Bienvenido

Bienvenido al Almuerzo para el Alma aquí este tarde a la Iglesia Presbiteriano de Trinidad. Mi nombre es Esteban (o Steve or Stephen o cualquiera otra cosa). Soy un voluntario pastoral de la Iglesia Presbiteriano de Centreville.

Nuestro mensaje de hoy enfoca en la necesidad de tener una actitud diferente a través de duelo. ¿Cuándo somos en dolor, nos volvemos a dios o a nuestro dolor? (2X)

Oración

Vamos a orar.

Padre celestial. Gracias por tu presencia entre nosotros esta mañana. Agradecemos para la vida, la salud, y las riquezas de amistad que es tu iglesia. En el poder de tu Espíritu Santa, abra nuestros ojos y danos oídos que oyen. En el nombre de Jesucristo, Amen.

Texto de Neuvo Testamento

El texto de hoy viene del evangelio de Mateo 5:4. Eso es la segunda beatitud y una parte de la introducción del sermón de la montaña. Escuchan la palabra de Dios:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)[1]

La palabra de Senior.  Gracias a Dios.

Introducción

¿Para quién lloras tú? (2X)

Recuerdo en mi caso la muerte de mi hermana Diane en 2007. Soy el mayor de la familia, entonces ella estaba dos años más joven que yo. Por esta razón la pérdida de mi hermana fue especialmente duro por migo, pero también porque nosotros fuimos amigos para toda la vida. Mi padre fue estudiante durante casi toda mi juventud y movimos mucho durante esos años; entonces, Diane fue mi única real amiga hasta que fui ochos años. Entendimos la vida juntos. Ahora, Diane fue con Dios y yo fui solitario en mis memorias. En el próximo año, 2008, empieza mis estudios en el seminario. ¿Son los dos eventos relativos? Tal vez; tal vez no.  Hasta ahora es difícil de decir, pero creo que sí.

¿Qué aprendí usted de tu experiencia de pérdida? (2X)

Texto de Antiguo Testamento

La segunda beatitud viene directamente de Isaías 61:1-3 donde se escribía:

“El Espíritu del SEÑOR omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del SEÑOR y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del SEÑOR, para mostrar su gloria.” (Isa. 61:1-3 NVI)

Recuérdanos esta pasaje bien porque Jesús leyó la en Nazaret durante su primer sermón en Lucas 4.

¿Quién recibí consolación en este pasaje? Hay dos grupos:

  • “todos los que están de duelo” y
  • “los dolientes de Sión”.

El contexto de estos versiculos fue la cautividad en Babilonia que venía en response de los pecados de los judías.

Pero, ¿para que llora Dios? (2X) Dios llora para nuestros pecados porque nuestros pecados vienen entre nosotros y un santo Dios (Gen 6:5-6)[2].  Nuestros pecados separaran nos de Dios.  Cuando lloramos sobre nuestros pecados Dios nos prometía que él va ofrecer consolación. Jesucristo dice:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)

Análisis

La segunda beatitud tiene una segunda razón para ofrecer consolación.  El duelo es un tipo de lamentación.  La lamentación es un canto (u oración) de llorar y hay muchas lamentaciones en el libro de Salmo.

La lamentación tiene una forma importante que tiene dos partes[1].

En la primera parte de una lamentación se diga toda que es en tu corazón al Señor. Todo el dólar, todos tus miedos, toda tu ira. Es importante a ser muy honesto con Dios. Esos es bien a ser ira aun con Dios porque Dios es grande y tu ira significa que tú tomas Dios realmente serios.  Esa parte de oración es completa cuando toda la pena había dicho. En este momento el alma es tranquilo.

La segunda parte de una lamentación viene exactamente porque el alma es tranquilo.  En este momento eso es posible a recordar tus bendiciones de Dios en tu camino de la fe.  Esta parte de la lamentación consiste de alabanzas de Dios.  Entonces, encontramos que irónicamente, una lamentación es por muchas personas muchas vezas el camino de salvación. Aquí vemos el consolado de la segunda beatitud:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)

¿Para quién lloras tú? (2X)

En mi caso, yo estaba en el proceso de lamentación cuando comencé mis estudios en el seminario. Pero, hasta este momento no puse estas dos cosas juntas en mis piensas. ¿Dios utiliza mi dolor me acercarse a sí mismo?

Más Análisis

Cuando lloramos es verdad que nosotros sentimos una pérdida real.  Necesitamos hacer una decisión: ¿Nos volvemos a Dios o a nuestro dolor? (2X) Esta decisión es importante porque dolor es una emoción muy poderoso y tiene la capacidad de hacer cambios de nuestra identidad. Eso es un Jardín-de-Getsemaní momento en nuestra vida (Mateo 26:36-43). En un sentido real, nuestra identidad es una colección de todas las decisiones sobre dolor en la vida. ¿Últimamente, es nuestra identidad en Cristo o en nuestro dolor? (2X)

¿Para qué lloras tú? (2X) Jesucristo nos recordamos:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)

Oración Para Terminar

Oramos.

Dios todopoderoso, amado hijo, omnipresente Espíritu, alabamos por tu gracioso amor y consolación en tiempos de dolor y pérdida. Limpia nuestros corazones de las pérdidas, los miedos, la vergüenza, y las pasiones malvadas que nos llevan a pecar. En el precioso nombre de Jesús, amen.

 

[1] “Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír.” (Luke 6:21 NVI)

[2] “Al ver el SEÑOR que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón.” (Gen. 6:5-6 NVI)

[3] Card, Michael. 2005. A Sacred Sorrow: Reaching Out to God in the Lost Language of Lament. Colorado Springs: NavPress.

 

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