Necios por Cristo

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Nosotros somos necios por amor de Cristo, pero ustedes, prudentes en Cristo. Nosotros somos débiles, pero ustedes, fuertes. Ustedes son distinguidos, pero nosotros, sin honra. Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir. (1 Cor 4:10-11)

Por Stephen W. Hiemstra

¿Para qué estás listo a sufrir? ¿Cuál es tu pasión? (Matt 6:21)

La pasión del apóstol Pablo  era el evangelico y vivió la vida de un evangelista itinerante. Pablo nunca se casóni tuvo ninguno niños y, a pesar de ser educado altísimo, abandonó una vida sacerdotal o académica. Cuando Pablo describió si mismo como un tonto para Cristo (2 Cor 12:10-11), su padres judíos estuvieron probablemente de acuerdo.

Imagínese asistir a su trigésima reunión doctoral y levantarse para dirigirse a sus compañeros graduados, diciendo:

¿Son servidores de Cristo? (Hablo como si hubiera perdido el juicio) yo más. En muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes un sinnúmero de veces, con frecuencia en peligros de muerte. Cinco veces he recibido de los Judíos treinta y nueve azotes. Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y he pasado una noche y un día en lo profundo. Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los Gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, con frecuencia sin comida, en frío y desnudez. Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias. (2 Cor 11:23-28)

Es poco probable que hayan sido líderes de la iglesia, los compañeros de clases de Pablos tenían más probablemente de haber sido llíderes de sinagogas, sumos sacerdotes, funcionarios del gobierno, y profesores de la colegia. A diferencia de muchos de estos, Pablo tuvo hambre y sed para rectitude, trató su sufrimiento como un resume, y rechazó un salario en un punto a mantener la integridad de su mensaje evangelica (1 Cor 9:42; 2 Cor 11:7). Al igual que el quien lo envió, Pablo trabajo a vivir la vida con rectitud.

Sin duda, la vida de integridad de Pablo también lo puso en tensión con Dios. Por ejemplo, la respuesta de Dios sobre de su oración sobre su espina en la carne—“Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Cor 12:9)—causó mucha angustia a Pablo antes de desarrollar la serenidad a jactarse sobre la lección objetiva de Dios.

Otra lección objetiva es la Eucaristía, que nos recuerda a Cristo al enfocarnos en objetos de hambre (pan) y sed (agua/vino), muy parecidos a varios milagros de Jesús. El primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino (John 2:1-10), mientras otros consistió en multiplicar el pan y el pescado (John 4:32, 6:11). La transformación de cosas simple como alimentos y agua en objetos sagrados debe haber perplexodo los griegos quien no respetan al mundo físico (terreno), pero respetan al mundo espiritual (cielo).

Los sacramentos y los milagros de Jesús apuntan a una realidad espiritual que es simple pero importante: “No solo de pan vivirá el hombre.” (Luke 4:4; Deut 8:3)  Así como un sacramento es un signo externo con un significado interno, cosas fisicas y circunstancias ambas tienen significados externos y internos asociados con ellos,  lo que, por ejemplo, lleva a Pablo a describir el cuerpo como un templo de Dios (1 Cor 6:19). Si el cuerpo físico puede convertirse en un templo de Dios y mero alimentos y bebidas pueden ser sacramentos, entonces alimentos y bebidas se encuentran en una frontera importante entre el reino físico y espiritual donde  las transformaciones espirituales puede tener lugar y el amor de Dios pueden expresarse como cuidado para el pobre y hambriento. 

Por ejemplo, Dios se identica directamente con los pobres y hambrientos en el juicio final, mientras leemos:  Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? (Matt 25:37) Aqui, la actitud y las acciones con respeto a los pobres y hambrientos identifican directamente los seguidores de Cristo, siguiendo el modelo de la caridad de Cristo mismo: “También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (Rev 21:6) Si Jesús practica caridad, entonces deberíamos también porque nuestra obligación caritativa depende, no del buen comportamiento de los receptores, sino de nuestra propia identidad en Cristo:

Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto carbones encendidos amontonaras sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.  (Matt 5:43–46, Rom 12:20–21)

Nuestra identidad en Cristo nos lleva, no a juzgar a los pecadores, sino a ayudar a los necesitados, mientras leemos: “Porque Dios no envió a su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por el.” (John 3:17) Al vivir en una nación rica, nuestra obligación caritativa, que cubre las necesidades físicas de los menos afortunados, es mayor que la mayoría.

Si el primer pecado de la Biblia fuera codiciar un árbol de fruta (Gen 6), entonces la marca de un discípulo seria a modelar la provision abundante de Cristo (Rev 21:6) y vencer la tentación de pecar.

Necios por Crist

Ver también:

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