Un Corazón Limpio y Un Espíritu Recto

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Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y 

renueva un espíritu recto dentro de mí.

No me eches de tu presencia, y 

no quites de mí tu Santo Espíritu. 

(Ps 51:10-11)

Por Stephen W. Hiemstra

Cuando pensamos de la palabra, santo, normalmente pensamos de pureza morale, pero una otra definición es: ‘’pertenecer a ser dedicado o consagrado [a separar de] el servicio de Dios” (BDAG 61). Una misma palabra para santo (sagrado) en griego también significa un santo, así como moralmente pura y separada.

La pureza moral y la separación son ideas fundamentales en el entendimiento de Dios en el Antiguo Testamento, como vista en Génesis: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.” (Gen 1:1) Dos hechos de separación  ocurren  en creación: no ser se separaron de seres (Gen 1:1a) y el cielo y la tierra  se separaron uno del otro (Gen 1:1b). Otras separaciones—tinieblas y luz, mañana y noche, tierra seca y agua, hombre y mujer—siguen en el relato de creación lo que Dios declara bueno.

Los ataques contemporáneos contra la bondad de Dios a menudo comienzan declarando estas separaciones arbitrarias y caprichosas, especialmente en lo que respecta al género. Se argumenta que si estas separaciones son arbitrarias, son también discriminatorias, por lo tanto, no son buenas. Entonces, la biblia enseña discrimination y no puede considerarse como normativa por posmoderno Cristianos.

Buenas separaciones, a menudo refieró hoy como límites, necesitan  ser claras y concretas. En los Diez Mandamientos (Éxodo 20), la ley establece límites voluntarios que definen quién es y quién no es parte de la familia de Dios. El pacto entre el pueblo de Israel y Dios empieza con un recordatorio de los beneficios del pacto: “Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre (de la esclavitud).” (Exod 20:2) El punto aquí es que una vez fueron esclavos, pero yo los liberé, ustedes me deben.

Una interpretación cristiana de este pasaje toma un giro diferente. El apóstol Pablo habla de ser esclavo del pecado (Rom 7:14). Hoy día hablamos sobre esclavos de una adicción, esclavos de temor, o esclavos de las pasiones. Dios nos ofrece la libertad de escapar de tal esclavitud, si lo buscamos.

Los beneficios del pacto (bendiciones) y las estricciones (maldiciones) se presentaron con mayor detalle en Deuteronomio. Deuteronomio, que significa el segundo libro de la ley, necesitaba repetir el pacto para una nueva generación porque Dios maldijo a sus padres (que habían vivido en Egipto) por su falta de fe para morir en el desierto (Deut 1: 20–37) . Aquí leemos primero sobre los beneficios:

Y sucederá que si obedeces diligentemente al SEÑOR tu Dios, cuidando de cumplir todos Sus mandamientos que yo te mando hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al SEÑOR tu Dios: Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo . . . (Deut 28:1-3)

Más tarde en forma paralelé, leemos sobre las estricciones:

Pero sucederá que si no obedeces al SEÑOR tu Dios, y no guardas todos Sus mandamientos y estatutos que hoy te ordeno, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán: Maldito serás en la ciudad, y maldito serás en el campo . . . (Deut 28:15-16)

Estas bendiciones y maldiciones se citan otra vez en Salmo 1: ¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, Ni se detiene en el camino de los pecadores, Ni se sienta en la silla de los escarnecedores. (Ps 1:1) 

Recordar al pueblo, especialmente los lideres, de estas bendiciones y maldiciones era la responsabilidad principal de un profeta del Antiguo Testamento. Aquellos que cumplieron con sus obligaciones del pacto fueron considerados justos bajo de la ley (Phil 3:6).

Si Dios consideraba a Job justo, ¿por qué Job terminó sufriendo? (Job 1: 1)

Una respuesta a la pregunta de sufrimiento es que la fidelidad de Job fue pruebado por circunstancias malvado (Job 1:9) y confirmó que era cierta (Job 42:1-7). Una otra respuesta es que sufrimiento es una consecuencia de la necedad (Prov 1:7). La mejor respuesta es que el pecado trae sufrimiento, es parte de nuestra naturaleza, y se requiere la intervención de Dios para vencerlo, mientras leemos:

Yo sé que mi Redentor (Defensor) vive, y al final se levantará sobre el polvo. Y después de deshecha mi piel, Aun en mi carne veré a Dios; Al cual yo mismo contemplaré, y a quien mis ojos verán y no los de otro. ¡Desfallece mi corazón dentro de mí! (Job 19:25-27)

Esta  teodicea de Job revela la gloria de Dios y su amor por nosotros al proporcionarnos un redentor.

La posibilidad de un redentor se profetiza por Moisés (Deut 18:15) y expresa el perdón de Dios. En orar por el perdón de Dios, el rey David expresó más claramente la intervención de Dios en nuestra condition morale, como citó anteriormente en Salmo 51. David reconoció que intervención divina se requería para una relación humana con un Dios santo y trascendió. Ser humano significa ser impío y mortal, no santo e inmortal (trascendente), como Dios.

Más tarde, Dios intervinó mediante la muerte y resurrección de Jesucristo a expiar para nuestra pecado (1 Cor 15:3–10). En Cristo y por medio del Espíritu Santo, podemos vivir en obediencia de Dios (liberamos de la ley) y podemos venir antes de Dios en oración y adoración.

Un Corazón Limpio y Un Espíritu Recto

Ver también:

Gospel as Divine Template

Otras formas de participar en línea:

Sitio del autor: http://www.StephenWHiemstra.net,

Sitio del editor: http://www.T2Pneuma.com.

Boletín informativo: https://bit.ly/HangHome_2020

 

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