Paz en los Términos de Dios

Vida_en_Tensión_front_20200102

Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, 

benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, 

dominio propio; contra tales cosas no hay ley.

 (Gal 5:22-23)

Por Stephen W. Hiemstra

Reciba shalom, extienda shalom. Shalom comienza con Dios; trabaja en nuestros corazones; y luego se extiende a otros, al igual que otros frutos del Espíritu (Gal 5: 22–23). Y así como la manzana no cae lejos del árbol, cuando encontramos nuestra identidad en Cristo, su ejemplo se desarrolla en nuestras vidas. “Honrados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.” (Matt 5:9)

La antigua iglesia se inspiró en el grupo familiar patrilineal, lo que implica que todos somos hermanos y hermanas con un solo padre eterno. (Matt 23.9). Jesús mismo aludió a este modelo familiar (Hellerman 2001).

Incluso para los niños obedientes, pasar de la teoría a la práctica es difícil. En lugar de hacer paz, preferimos una forma de paz egotista—paz en nuestros términos. Pax Romana fue paz en términos romano; Pax Americana es paz en los términos de Washington; shalom es paz en los términos de Dios.

Como fruto del Espíritu, shalom es el único fruto del espíritu que debe disfrutarse junto con todos los demás, como del apóstol Pablo observe:

Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.  (Gal 5:19-24)

Para pasar de la pasión carnal a la paz interior, son necesarios dos movimientos: deshacerse del pecado (volverse santo) y asumir la piedad (imitar a Dios), ambos a través del Espíritu Santo. A través de confesión de pecado, (a través del Espíritu Santo) movemos a deshacerse de pecado; al modelarnos a nosotros mismo en Cristo, (a través del Espíritu Santo) movemos para asumir  su rectitud. Ambos movimientos trae paz en nuestras relaciones en la familia, la comunidad, la iglesia,  el trabajo, y el mundo (Graham 1955, 92–95).

La paz de Cristo, expresada en la Séptima Bienaventuranza, me conmovió el 4 de agosto de 1972 para escribir lo siguiente declaración en mi comisión de conscripción:

No puedo pelear en una guerra porque como cristiano mi mayor deber es seguir las enseñanzas de Jesucristo. Creo que la vida es un sagrado regalo de Dios lo que es estar honrado y respetado por todo el mundo. Creo que cada persona ha una contribución constructiva a hacer a humanidad y que cada persona tiene el derecho a completar este destino. Creo que hay una belleza en toda la vida y que debemos usar el amor, la preocupación y los métodos no violentos para resolver nuestros conflictos. Creo que toda la humanidad es un todo indivisible y que la vida de cada persona es importante para la vida del todo. Debo vivir en paz para mantener mi fe.

En la víspera de Año Nuevo de ese año, se firmó un acuerdo de paz, la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam terminó y mi número de conscripción (13) nunca fue llamado. Llamado o no, mi vida cambió para siempre. Mi oposición a la guerra se extendió a mi vida familiar e influyó en las decisiones profesionales posteriores (Neyrey 1998, 184).

Las decisiones sobre la guerra de Vietnam dividieron a muchas familias en las décadas de 1960 y 1970, pero la oposición a la guerra no condujo a una paz duradera. La paz en los términos de Dios requiere más que tratados de paz y cambios en los gobiernos. Como cristianos, debemos buscar la paz dentro de nosotros mismos, con Dios y con los demás a diario. Puede que la paz mundial no esté a nuestro alcance, pero al igual que el buen samaritano (Lucas 10: 25–37) podemos, al menos, expresar el amor de Cristo a la persona necesitada que se cruza en nuestro camino (Cloud and Townsend 1992, 38–39).

Referencias

Cloud, Henry and John Townsend. 1992. Boundaries: When to Say YES, When to Say NO, To Take Control of Your Life. Grand Rapids: Zondervan.

Graham, Billy. 1955. The Secret of Happiness. Garden City, NY: Doubleday and Company, Inc.

Hellerman, Joseph H. 2001. The Ancient Church as Family. Minneapolis: Fortress Press.

Neyrey, Jerome H. 1998. Honor and Shame in the Gospel of Matthew. Louisville: Westminster John Knox Press.

Paz en los Términos de Dios

Ver también:

Gospel as Divine Template

Otras formas de participar en línea:

Sitio del autor: http://www.StephenWHiemstra.net,

Sitio del editor: http://www.T2Pneuma.com.

Boletín informativo: https://bit.ly/Obituary_HFH

 

You may also like

Leave a Reply