Prioridades Sorprendentes

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Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, 

sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. 

(Heb 4:15)

Por Stephen W. Hiemstra

Cuando Cristo entra en nuestras vidas, comenzamos el viaje desde nuestro ser natural hasta la persona que Dios nos creó para ser. Este viaje transforma nuestra autoimagen, nuestra fe, y nuestras relaciones al intercambiar los actos de la carne por los frutos del espíritu (Gal 5:19–23). Estas transformaciones pueden ser alegres a medida que crecemos en conocimiento personal, en fe y en relaciones; también pueden implicar pérdidas dolorosas porque el cambio fundamental es intrínsecamente difícil y las pérdidas deben sufrir individualmente.

Los cambios requieren en el viaje de fe se comparan frecuentemente en la Biblia con los desafíos en el matrimonio (e.g. Matt 9:15).  El recién casado es casi siempre alegre al inicio del matrimonio. Sin embargo, el viaje de mí a nosotros en los primeros años de matrimonio también puede ser un desafío porque las viejas relaciones con nuestros padres, hermanos y cónyuges deben transformarse en nuevas.

Las alegrías y los desafíos del matrimonio durante esos primeros años informan las tensiones que experimentamos dentro de nosotros mismos, con Dios y con los demás a lo largo de la vida. Las primeras tres Bienaventuranzas se centran en la tensión con uno mismo (humildad, duelo y mansedumbre). Las segundas tres Bienaventuranzas se centran en la tensión con Dios (celo, misericordia, y santidad). Las últimas tres Bienaventuranzas se centran en la tensión con los demás (hacer paz, persecución, ser vilipendiado).

Lo más sorprendente de las Bienaventuranzas es que revelan que Jesús honra la humildad, el duelo, la misericordia y la hacer de la paz mucho más que nosotros.

Jesús honra los pobres en espíritu, a los humildes, lo cual no viene naturalmente por nosotros. Preferimos naturalmente desarrollar fuerza física, autoestima, asertividad e influencia sobre los demás. Solo a través del poder del Espíritu Santo podemos crecer en humildad y verlo madurar en el rasgo de carácter de la mansedumbre.

Jesús honra el luto. Naturalmente, no lloramos por el pecado en nuestras vidas y el duelo es la única emoción entre las Bienaventuranzas. Otras emociones están más cerca de nuestros corazones y buscamos consuelo, no transformación. Sin embargo, es cuando derramamos nuestros corazones en duelo que recurrimos a Dios. Eso es tal vez la razón que el apóstol Pablo nos exhorta a: “Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran.” (Rom 12:15)

Jesús honra la misericordia. La misericordia es uno de los valores centrales de Dios (Exod 34:6) y se encuentra en el corazón de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Vemos el amor de Dios principalmente a través del lente de su misericordia. Es difícil para nosotros pedir misericordia y aún más difícil de dar, por eso vemos la mano de Dios obrando en el simple acto de perdón.

Jesús honra los pacificadores—shalom. Shalom nos obliga a salir de nuestra zona de confort tal vez más que cualquier otra bienaventuranza. Es porque al extender la paz en todas nuestras relaciones nos negamos a nosotros mismos y emulamos a Cristo. Los pacificadores deben abdicar de sus privilegios, tomar la cruz todos los días, vivir en solidaridad con todas las personas y practicar la hospitalidad sacrificial.

Las prioridades de Jesús claramente no son nuestras y explican el enfoque de Jesús en nuestra transformación, no solo en la próxima vida, sino en esta. Cómo vivimos y cómo morimos importa en el reino de Dios. Lo sabemos, no solo porque de la vida, muerte, y resurrección (Phil 3:10-11), pero también porque Esteban y diez de los doce de los apóstoles siguieron el ejemplo de Jesús y se convirtieron en mártires por la fe.

El ejemplo de Jesús plantea una paradoja cuando nos exhorta a tratar la persecución como un momento de enseñanza y redentor: “amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen.” (Matt 5:44) El poder del amor se revela cuando es inesperado y no se gana. Vemos este poder en las palabras de Cristo en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Luke 23:34) Es a través del sacrificio expiatorio de Cristo en a la cruz que nos reconciliamos con Dios y experimentamos las profundidades de su amor.

Las prioridades de Cristo no son naturalmente nuestras, pero nos exhorta a abrazar las Bienaventuranzas y la tensión creativa que engandan.

Prioridades Sorprendente

Ver también:

Gospel as Divine Template

Otras formas de participar en línea:

Sitio del autor: http://www.StephenWHiemstra.net,

Sitio del editor: http://www.T2Pneuma.com.

Boletín informativo: https://bit.ly/Plow_2020

 

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