El Luto Define Identidad

Vida_en_Tensión_front_20200102Padre Mío, si es posible, que pase de mí esta copa; 

pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras. 

(Matt 26:39)

Por Stephen W. Hiemstra

La tensión emocional dentro nosotros es nunca más grande que cuando lloramos lo que requiere una decisión: ¿Nos volvemos en nuestra dolor en autocompasión o nos volvemos a Dios en la fe?  De pie a la sombra de la Cruz en Getsemani, Jesús se volvió hacia Dios cuando enfrentó esta decisión. 

Las decisiones que tomamos y los dolores que soportamos dar forma a nuestra identidad porque son inevitables y costosos—normalmente no elegimos a experimentar dolor. La pena y el luto nos transforman y la única emoción que aparece en las Beatitudes es el luto.

Nos afligimos cuando perdemos algo importante. Al escribir sobre la segunda Beatitud, Evangelista Billy Graham (1955, 20-26) identificó cinco objetos de duelo:

  1. Inadecuacia—ante de poder fortalecerse, debe reconocer su propria debilidad; 
  2. Arrepentimiento—ante de que puede pedir perdón, debe reconocer su pecado; 
  3. Amor—nuestra compasión por el sufrimiento de hermanos y hermanas toma la forma de duelo y mita nuestra respuesta al mandamiento de Cristo a amar a Dios y a nuestro prójimo.
  4. Alma tristeza—gimiendo por la salvación de los perdidos; y
  5. Duelo: luto por aquellos que han fallecido.

Estos objetos de luto se pueden también clasificar funcionalmente, como:

  1. Pérdida de materiales;
  2. Pérdida de relación; 
  3. Pérdida intra-psíquica—pérdida de un sueña; 
  4. Pérdida funcional—incluso pérdida de autonomía. 
  5. Pérdida de roles—como la jubilación; y 
  6. Pérdida sistémica—como la partida de su familia de origin (Mitchell and Anderson 1983, 36–45).

Cada pérdida es única y debe lamentarse por separado lo que toma tiempo y energía. Cuando negamos a tomar tiempo para llorar sobre nuestras pérdidas, el dolor no desaparece mágicamente; puede volver en la forma de brotes repentinos de ansiedad o depresión sin explicación obvia—secuestros emocionales. Tratamos de evitar el dolor porque nos recuerda nuestra mortalidad y, al hacerlo, con frecuencia desafía los supuestos erróneos por los que preferimos vivir.

Pérdida y el luto no siempre se ignoraron, ya que mi abuelo me enseñó cuando mi abuela padecía la enfermedad de Alzheimer. A pesar de tener más que cien anos de edad, mi abuelo expresó su amor al  cuidarla a casa y dió un ejemplo del amor sacrificial y fidelidad que nunca olvidaré.

San Francisco de Asís lo dijó mejor:

Señor, concédeme que pueda buscar hacia

Consolar que ser consolada,

Entender que ser entendido,

Amar que ser amado

En dar que le receive,

En auto-olvidar que uno encuentra,

En perdonar que se perdonado,

En muerer que uno desperta a la vida eterna.⁠1

Las penas que aceptamos y los elecciones que hacemos fortalecen nuestra fe, determinan nuestra carácter, soportan nuestra relaciones, moderan en nosotros como el fuego del fundido (Mal 3:3).

Jesús enseña: “Honrados los que lloran, pues ellos serán consolados” (Matt 5:4).

Notas

1 Lord, grant that I may seek rather To comfort than to be comforted, To understand than to be understood, To love than to be loved; For it is by giving that one receives, It is by self-forgetting that one finds, It is by forgiving that one is forgiven, It is by dying that one awakens to eternal life (Graham 1955, 24).

Referencias

Bonhoeffer, Dietrich. 1995. The Cost of Discipleship (Orig. pub. 1937). New York: Simon and Schuster.

Graham, Billy. 1955. The Secret of Happiness. Garden City, NY: Doubleday and Company, Inc.

Mitchell, Kenneth R. and Herbert Anderson. 1983. All Our Losses; All Our Griefs: Resources for Pastoral Care. Louisville: Westminster John Knox Press.

Nouwen, Henri J.M. 2010. Wounded Healer: Ministry in Contemporary Society (Orig pub 1972). New York: Image Doubleday.

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Lamento sobre Pecado

Vida_en_Tensión_front_20200102Los que siembran con lágrimas, 

segarán con gritos de júbilo. 

(Ps 126:5)

Por Stephen W. Hiemstra

La segunda Beatitud dice que los que lloran serán consolados, pero ¿por qué llora Dios? En Génesis, Dios se aflige por la maldad humana:

El SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal. Y al SEÑOR le pesó haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en su corazón. (Gen 6:5-6)

El pecado humano entristeció tanto a Dios que envió el diluvio, ahorrando solo Noé, su familia, y dos de cada animal (Gen 6:7-8)

Los Libros de la Ley

En otras partes, los estudios de la palabra para el duelo que se usa en Mateo 5:4 en el griego, la asocian más a menudo con el luto por la muerte. Por ejemplo, Abraham llora sobre la muerte de su esposa, Sara (Gen 23:2), y José llora sobre la muerte de su padre, Jacob (Gen 50:3). Por contrario, los estudios de la palabra para llorar se usa en la Beatitud en Lucas (Luke 6:21) en el griego (no como en español), la asocia frecuentemente con oración en medio de sufrimiento.

Por ejemplo, un punto significativo en la vida de Moisés surgió cuando como un bebé lloraba yacer en la canasta flotando en el Nilo. Por eschar el lloro de Moisés, la hija del faraón se conmueve a rescatar y criar al niño como suyo, desobedeciendo el edicto de su padre para ahogar todos los niños hebreos—incluido Moisés (Exod 1:22, 2:6). Más tarde, Moisés llora al Señor en oración a sanar su hermana, Miriam, quien fue aflictivo con lepra, y ella se sana (Num 12:13). Por contrario, clamar en el sentido de lloriqueo o autocompasión evoca la ira de Dios (Num 11:10).

Los Libros de los Profetas

El foco de llorar cambia en los Libros de los Profetas de la muerte de una persona a la angustia—clamando por el destino del nación de Israel (e.g. Jer 8:18–19).

Israel clamaba al Señor en la angustia principalmente por los altibajos de liderazgo durante los quatro cientos años después de la nación salió Egipto. Durante estos años Moisés sacó a la nación de Israel de Egipto y Joshua llegó a la Tierra Prometida con un fuerte liderazgo carismático. Pero el liderazgo se debilitó como ellos entraron el período de los jueces cuando, como hoy día, “Cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos” (Judg 17:6). Durante el tiempo de los jueces, un ciclo de pecado,  problemas, avivamiento, y restauración se convirtió en el patrón normal (Younger 2002, 35). El punto cambio en este patrón surgió cuando la gente se volvió y lloró al Señor para que cumpliera sus promesas:

Y sucederá que cuando todas estas cosas hayan venido sobre ti, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y tú las recuerdes en todas las naciones adonde el SEÑOR tu Dios te haya desterrado, y vuelvas al SEÑOR tu Dios, tú y tus hijos, y le obedezcas con todo tu corazón y con toda tu alma conforme a todo lo que yo te ordeno hoy, entonces el SEÑOR tu Dios te hará volver de tu cautividad, y tendrá compasión de ti y te recogerá de nuevo de entre todos los pueblos adonde el SEÑOR tu Dios te haya dispersado. (Deut 30:1-3)

En el Libro de Jueces, este patrón de pecado, problemas, avivamiento, y restauración se repite al menos  cinco veces (Judg 3:9, 15; 4:3; 6:6–7; and 10:10). Por ejemplo:

Cuando los Israelitas clamaron al SEÑOR, el SEÑOR levantó un libertador a los Israelitas para que los librara, a Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb. (Judg 3:9).

Más tarde durante el período del exilio de Judá a Babilonia, luto se vuelve prominente como la primera de las dos partes  en un lamento. Un lamento comienza con duelo, pero termina en alabanza. Jeremías, el Profeta de Luto, escribí el Libro de Lamentaciones; también leemos muchas lamentaciones en los Salmos, como en:

Cántico de ascenso gradual. Desde lo más profundo, oh SEÑOR, he clamado a ti. ¡Señor, oye mi voz! Estén atentos tus oídos A la voz de mis súplicas. SEÑOR, si tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿Quién, oh Señor, podría permanecer? Pero en ti hay perdón, para que seas temido. (Ps 130:1-4)

El corazón se vacía primero de amargura; entonces, se abre a Dios (Card 2005, 19). Esta forma de lamento también aparece en la segunda Beatitude, donde Jesús dice—“Honrados los que lloran, pues ellos serán consolados” (Matt 5:4).

Este luto sobre pecado, una piadosa pena, aparece mientras Jesús empieza su viaje a la cruz (2 Cor 7:10). En la misma manera que Dios lloró sobre pecado cuando preparó la grande diluvia, Jesús llora sobre la dureza de corazón de los fariseos por el sábado:

Y Jesús le dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte aquí en medio. Entonces Jesús dijo a los otros: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio. Y mirando con enojo a los que Lo rodeaban, y entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana. Pero cuando los Fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los Herodianos en contra de Jesús, para ver cómo lo podrían destruir. (Mark 3:3-6)

Aquí, cuando Marco escribe sobre la dureza de corazón, se compara a los fariseos con el faraón (Exod 4:21).

El narrativo en Marco 3 es también significativo por razon de vincula explícitamente el sufrimiento humano con el pecado y el luto de Dios. Marcos 3 “es el único pasaje en los evangelios donde se dice que Jesús está enojado” (Elliott 2006, 214).⁠1 Jesús se convierte enojado porque “el día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo” (Mark 2:27) y él se preocupa por el bienestar de personas más que por la obediencia de Sábato (Lester 2007, 14–16, 106). Pues Jesus se preocupa por los sufrimientos, deberíamos también.

Notas

1 Mark 3 “is the only passage in the gospels where Jesus is said to be angry.” (Elliott 2006, 214).

Referencias

Card, Michael. 2005. A Sacred Sorrow Experience Guide: Reaching Out to God in the Lost Language of Lament. Colorado Springs: NavPress.

Elliott, Matthew A. 2006. Faithful Feelings: Rethinking Emotion in the New Testament. Grand Rapids, MI: Kregel.

Lester, Andrew D. 2007. Anger: Discovering Your Spiritual Ally. Louisville: Westminster John Knox Press.

Younger, K. Lawson. 2002. The NIV Application Commentary: Judges and Ruth. Grand Rapids: Zondervan.

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Gozo en Tristeza

Vida_en_Tensión_front_20200102Honrados los que lloran, 

pues ellos serán consolados. 

(Matt 5:4)

Por Stephen W. Hiemstra

La tensión dentro de nosotros mismo nunca es más obvia que cuando afligimos. El duelo derrota toda pretensión de autosuficiente mientras clamamos a Dios desde el fondo de nuestros corazones y reconocemos nuestra dependencia y pérdida. Esta pérdida y la tristeza posterior es la forma más básica de sufrimiento humano (France 2007, 109). Debido a que la tristeza y la bendición se encuentran en los extremos opuestos del espectro emocional—uno se siente maldecido, no bendecido en tristeza, es paradoxical a ser honrado en el duelo.

Duelo y Consuelo

El duelo y el consuelo se unen en la interpretación de Mateo de la segunda Beatitud. La palabra  griega para el duelo (πενθέω; “pentheo”) significa—“experimentar tristeza por causa de alguna condición o circunstancia, estar triste, afligir, llorar” (BDAG 5773.1).⁠1 Mientras, la palabra para consuelo (παρακαλέω; “parakaleo“) significa—“infundir a alguien coraje o ánimo, consuelo, alentó, ánimo” (BDAG 5584.4).⁠2

La interpretación de la Beatitud de Lucas habla no de el duelo y el consuelo, sino de llanto y risa. En la segunda Beatitud, Mateo se enfoca sobre la tensión interna y la liberación del duelo (luto/alento) mientras Lucas se enfoca sobre su expresión externa (lloro/riso). El apóstol Pablo ve esta tensión interna como críticamente importante en nuestra formación espiritual. Escribe: 

Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2 Cor 7:10)

Pablo use una palabra (θεὸν λύπη; “theo lupe”) que es todamente diferente para el duelo en el griego lo que significa: “pena de mente o espíritu, duelo, tristeza, afligicion” (BDAG 4625).⁠3 En el análisis de Pablo vemos el duelo teñido de culpa y vergüenza, una motiva para el arrepentimiento.

Objetivo de Luto

En el evangelio de Mateo, Jesús es el objetivo de luto, lo que aparece solamente una vez antes y un vez después la segunda Beatitud. Antes la Beatitud, Mateo registra el luto de las madres judía después la matanza de inocentes en Belén del Rey Herodes le Grande  (Matt 2:18).

Mateo cita el Profeta Jeremias:

Así dice el SEÑOR:“Se oye una voz en Ramá, Lamento y llanto amargo. Raquel llora por sus hijos; Rehúsa ser consolada, por sus hijos que ya no existen.” (Jer 31:15)

Raquel murió en el parto cuando nació su segundo hijo. Ella lo llamó—Ben-omi (hijo de mis tristezas)—pero  Jacob lo renombró:  Benjamín (hijo mi mano derecha; Gen 35:18). En la cita de Jeremías la palabra griega para llorar (κλαίω) es la misma palabra como se usa en la segunda Beatitud en Lucas y lo significa simplemente: llorar o clamar (BDAG 4251.1).

Después la Beatitud, Mateo informa que Jesús cuenta una breve parábola: Y Jesús les respondió:

¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán. (Matt 9:15)

Debido que luto acompaña tanto la encarnación (la matanza de inocentes) como su ascensión (una parábola de Jesús), por Mateo el objeto de luto es siempre Jesús. Subrayando este punto, las historias de la viuda de Nain (Luke 7:11–16) y Lázaro (John 11–12), lo que contiene obvias referencias de luto, no aparecían en Mateo. Una excepción possible a esta generalización sobre luto son las referencias del infierno como un lugar de llorar y crujir de dientes (Matt 8:12, 13:42, 13:50, 22:13, 24:51, and 25:30).

¿Por Qué Llora Dios? 

Si el luto requiere un objeto, ¿por qué llora Jesús? Al igual que Dios lloró por el pecado antes de enviar el diluvio (Gen 6:6), Jesus lloró por los pecados de la nación de Israel, tomando prestadas palabras de el Profeta Isaías: “para consolar a todos los que lloran” (Isa 61:2). Isaías 61 conecta las Beatitudes y el llamado sermón  de Jesús y llama a la atención sobre la papel de Jesús como un mesáis proféticos. Mesías es la palabra en hebreo traducido como Cristo en griego—los ambos significan el ungido (John 1:4; BDAG 4834). En la tradición judía, profetas, reyes, y sacerdotes fueron ungidos lo que explica los tres tipos de mesías y señala a tres oficinas del ministerio mesiánico de Jesús.

Por el contrario, la profecía de Isaias anunció la liberación de esclavos en Babilonia quien previamente desobedecieron a Dios y se rebelaron dos veces contra el rey de Babilonia, Nabucodonosor.  Debido que su rebelión, Nabucodonosor puso sitio a Jerusalén, quemó la ciudad y el templo, y llevó a muchos sobrevivientes judíos de regreso a Babilonia como esclavos (2 Kgs 24 and 25). En este contexto, la salvación judía era literal—Dios pagaría su rescate y los redimiría de la esclavitud, usando el Rey Ciro de Persia a los redimir (Ezra 1:1-3). La redención de esclavos pecaminoso (israelitas rebeldes) es un pequeños paso alejado de la redención de esclavos del pecado (nosotros).

El duelo por el pecado comienza en Mateo con Juan el Baptista—“Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Matt 3:1)—quien se basa en gran medida en la tradición profética.  Por ejemplo, el duelo por el pecado empieza en la historia de la llamada del profeta Isaías:  

Entonces dije: ¡Ay de mí! Porque perdido estoy, Pues soy hombre de labios inmundos Y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, Porque mis ojos han visto al Rey, el SEÑOR de los ejércitos. (Isa 6:5)

En otra parte de los profetas leemos: “Porque viene el día, ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen el mal serán como paja” (Mal 4:1). Frente un eternidad en el infierno (un horno ardiente) para nuestra insuficiencia, quebrantamiento, y pecado (hechos maldad), las escrituras sugieren que las respuestas apropiadas incluyen arrepentimiento, luto, y reconciliación.

La Voz Profética

Otra palabra por luto—ay (οὐαὶ)—es la expresión clásica de la voz profética y Lucas la usa como un contraste inmediatamente después de μακάριος en sus Beatitudes. Por ejemplo, leemos:

Honrado (μακάριος) ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios . . .Pero ¡ay (οὐαὶ) de ustedes los ricos! Porque ya están recibiendo todo su consuelo. (Luke 6:20, 24)

En griego, ay es una: “interjección denotando dolor o disgusto, aflicción, triste” (BDAG 542.1).⁠4 Mateo usa la palabra, ay, once veces, pero no en el contexto de sus Beatitudes, como Lucas.

El luto es también una forma de ansiedad que Jesús sugiere puede centrarse en la comida, las ropas, y el futuro (Matt 6:15-34). Jesús continua: “Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Matt 6:33). El hermano de Jesús, Santiago, completa este pensamiento:

Acérquense a Dios, y El se acercará a ustedes. . .Aflíjanse, laméntense y lloren. Que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza. Humíllense en la presencia del Señor y El los exaltará. (Jas 4:8-10)

Aquí James relaciona el luto a humildando nos mismo antes Dios.

Triada de Humildad

El vínculo en Santiago entre duelo y humildad sugiere una lectura sutil de las primeras tres Beatitudes como una enfática triada de humildad. De hecho, los tempranos manuscritos invierten las segunda y tercera Beatitudes (manso se vuelve lloran y lloran se vuelve manso) lo que sugiere apoyo textual para esta interpretación (Nestle-Aland 2012, 9). Recuerde que pobre en espíritu y manso se pueden expresar en la misma palabra hebrea (עָנָו; Num 12:3). En el ordenación actual (es decir, pobre en espíritu, llorar, y manso) el duelo está entre corchetes entre dos expresiones para humildad que sugiere que es sinónimo de humildad. 

Notas

1 πενθέω (“pentheo”) means—“to experience sadness as the result of some condition or circumstance, be sad, grieve, mourn” (BDAG 5773.1). 2 παρακαλέω (“parakaleo“) means—“to instill someone with courage or cheer, comfort, encourage, cheer up” (BDAG 5584.4). 3 λύπη means: “pain of mind or spirit, grief, sorrow, affliction” (BDAG 4625). 4 Oὐαὶ is an: “interjection denoting pain or displeasure, woe, alas” (BDAG 542.1).

Gozo en Duelo

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Dichosos Los Que Lloran

New Life
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Por Stephen W. Hiemstra

Se presentaba al Almuerzo para el Alma, Miércoles, 20 de Mayo, 2015 Iglesia Presbiteriana de Trinidad, Herndon, Virginia.

Bienvenido

Bienvenido al Almuerzo para el Alma aquí este tarde a la Iglesia Presbiteriano de Trinidad. Mi nombre es Esteban (o Steve or Stephen o cualquiera otra cosa). Soy un voluntario pastoral de la Iglesia Presbiteriano de Centreville.

Nuestro mensaje de hoy enfoca en la necesidad de tener una actitud diferente a través de duelo. ¿Cuándo somos en dolor, nos volvemos a dios o a nuestro dolor? (2X)

Oración

Vamos a orar.

Padre celestial. Gracias por tu presencia entre nosotros esta mañana. Agradecemos para la vida, la salud, y las riquezas de amistad que es tu iglesia. En el poder de tu Espíritu Santa, abra nuestros ojos y danos oídos que oyen. En el nombre de Jesucristo, Amen.

Texto de Neuvo Testamento

El texto de hoy viene del evangelio de Mateo 5:4. Eso es la segunda beatitud y una parte de la introducción del sermón de la montaña. Escuchan la palabra de Dios:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)[1]

La palabra de Senior.  Gracias a Dios.

Introducción

¿Para quién lloras tú? (2X)

Recuerdo en mi caso la muerte de mi hermana Diane en 2007. Soy el mayor de la familia, entonces ella estaba dos años más joven que yo. Por esta razón la pérdida de mi hermana fue especialmente duro por migo, pero también porque nosotros fuimos amigos para toda la vida. Mi padre fue estudiante durante casi toda mi juventud y movimos mucho durante esos años; entonces, Diane fue mi única real amiga hasta que fui ochos años. Entendimos la vida juntos. Ahora, Diane fue con Dios y yo fui solitario en mis memorias. En el próximo año, 2008, empieza mis estudios en el seminario. ¿Son los dos eventos relativos? Tal vez; tal vez no.  Hasta ahora es difícil de decir, pero creo que sí.

¿Qué aprendí usted de tu experiencia de pérdida? (2X)

Texto de Antiguo Testamento

La segunda beatitud viene directamente de Isaías 61:1-3 donde se escribía:

“El Espíritu del SEÑOR omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del SEÑOR y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del SEÑOR, para mostrar su gloria.” (Isa. 61:1-3 NVI)

Recuérdanos esta pasaje bien porque Jesús leyó la en Nazaret durante su primer sermón en Lucas 4.

¿Quién recibí consolación en este pasaje? Hay dos grupos:

  • “todos los que están de duelo” y
  • “los dolientes de Sión”.

El contexto de estos versiculos fue la cautividad en Babilonia que venía en response de los pecados de los judías.

Pero, ¿para que llora Dios? (2X) Dios llora para nuestros pecados porque nuestros pecados vienen entre nosotros y un santo Dios (Gen 6:5-6)[2].  Nuestros pecados separaran nos de Dios.  Cuando lloramos sobre nuestros pecados Dios nos prometía que él va ofrecer consolación. Jesucristo dice:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)

Análisis

La segunda beatitud tiene una segunda razón para ofrecer consolación.  El duelo es un tipo de lamentación.  La lamentación es un canto (u oración) de llorar y hay muchas lamentaciones en el libro de Salmo.

La lamentación tiene una forma importante que tiene dos partes[1].

En la primera parte de una lamentación se diga toda que es en tu corazón al Señor. Todo el dólar, todos tus miedos, toda tu ira. Es importante a ser muy honesto con Dios. Esos es bien a ser ira aun con Dios porque Dios es grande y tu ira significa que tú tomas Dios realmente serios.  Esa parte de oración es completa cuando toda la pena había dicho. En este momento el alma es tranquilo.

La segunda parte de una lamentación viene exactamente porque el alma es tranquilo.  En este momento eso es posible a recordar tus bendiciones de Dios en tu camino de la fe.  Esta parte de la lamentación consiste de alabanzas de Dios.  Entonces, encontramos que irónicamente, una lamentación es por muchas personas muchas vezas el camino de salvación. Aquí vemos el consolado de la segunda beatitud:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)

¿Para quién lloras tú? (2X)

En mi caso, yo estaba en el proceso de lamentación cuando comencé mis estudios en el seminario. Pero, hasta este momento no puse estas dos cosas juntas en mis piensas. ¿Dios utiliza mi dolor me acercarse a sí mismo?

Más Análisis

Cuando lloramos es verdad que nosotros sentimos una pérdida real.  Necesitamos hacer una decisión: ¿Nos volvemos a Dios o a nuestro dolor? (2X) Esta decisión es importante porque dolor es una emoción muy poderoso y tiene la capacidad de hacer cambios de nuestra identidad. Eso es un Jardín-de-Getsemaní momento en nuestra vida (Mateo 26:36-43). En un sentido real, nuestra identidad es una colección de todas las decisiones sobre dolor en la vida. ¿Últimamente, es nuestra identidad en Cristo o en nuestro dolor? (2X)

¿Para qué lloras tú? (2X) Jesucristo nos recordamos:

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI)

Oración Para Terminar

Oramos.

Dios todopoderoso, amado hijo, omnipresente Espíritu, alabamos por tu gracioso amor y consolación en tiempos de dolor y pérdida. Limpia nuestros corazones de las pérdidas, los miedos, la vergüenza, y las pasiones malvadas que nos llevan a pecar. En el precioso nombre de Jesús, amen.

 

[1] “Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír.” (Luke 6:21 NVI)

[2] “Al ver el SEÑOR que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón.” (Gen. 6:5-6 NVI)

[3] Card, Michael. 2005. A Sacred Sorrow: Reaching Out to God in the Lost Language of Lament. Colorado Springs: NavPress.

 

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